Bezote tarasco de obsidiana con oro y turquesa


A principios del siglo XVI, cuando los españoles arribaron al actual territorio mexicano, el imperio tarasco comprendía gran parte del estado de Michoacán y áreas limítrofes vecinas con Jalisco, Guanajuato y Guerrero. En esa época el territorio controlado por los tarascos solo era superado por el imperio mexica con quienes sostuvieron varios enfrentamientos. 

La conformación del estado tarasco como una sociedad estratificada con una estricta jerarquía en la organización del territorio bajo su control, se manifiesta en distintos indicadores materiales como orejeras, collares, pinzas, brazaletes y bezotes, que los gobernantes utilizaron como insignias de prestigio y poder entre los grupos de alto estatus.

Los bezotes están elaborados por una base longitudinal de cuyo centro sobresale una parte cilíndrica, en el cual se utilizaban diferentes materiales para su elaboración como obsidiana, cerámica, cuarzo, piedra verde y metal. Un ejemplo significativo es este bezote elaborado en obsidiana con un casquillo de oro e incrustaciones de placas pequeñas de turquesa.

Cuando el bezote era colocado se horadaba la piel debajo del labio inferior manteniendo la base en la parte interna de la barbilla por lo que solo era visible la superficie cilíndrica.

El bezote era utilizado por el gobernante principal del imperio, el cazonci, quien otorgaba este objeto a otros señores principales y varones de alta jerarquía dentro del imperio como sacerdotes, jefes militares, guerreros destacados, administradores del palacio y gobernantes locales. A través de este objeto se establecía una relación de subordinación con el cazonci y de legitimidad. Como insignia de prestigio, quien portaba un bezote estaba vinculado a un grupo específico de la elite tarasca, al mismo tiempo que denotaba riqueza material, una posición social privilegiada y un estatus de poder.

Cuando el cazonci moría, el bezote era parte de su atavío junto con collares de huesos de pescado blanco, cascabeles, orejeras de oro y brazaletes de turquesa, que eran sometidos al fuego. Los restos calcinados del gobernante junto con sus insignias de prestigio y poder formaban un bulto mortuorio que era depositado al interior de una gran vasija que se enterraba.

Los jefes militares y guerreros destacados también portaban estos objetos como símbolo de su valor y fuerza, además formaban parte de sus atavíos en las campañas de guerra. Cuando los ejércitos mexicas se enfrentaban con los tarascos, nos refiere fray Diego Durán (1984:283), “aquellos señores que comandaban o venían delante de los ejércitos tarascos estaban tan llenos de oro, joyas y plumas, tan resplandecientes y relumbrantes con el oro, de brazaletes y calcetas y orejeras y bezotes y apretadores en las cabezas, de oro”.

Los enemigos capturados en la guerra eran deshonrados arrancando el bezote brutalmente.

En Mesoamérica, además de los tarascos, el bezote fue usado por otros grupos del Posclásico como los mexicas, mixtecos y tlaxcaltecas, por lo que puede ser considerado como un objeto característico de este periodo y utilizado solo por varones. 

El hallazgo de bezotes en zonas aledañas a los templos principales en Tzintzuntzan y otros sitios como Urichu, Erongarícuaro, Xarácuaro, Huandacareo o Copándaro podría confirmar lo que fray Jerónimo de Alcalá nos narra sobre los rituales funerarios del gobernante tarasco en la Relación de Michoacán.

El bezote, tentetl, tembetá o labret no solo es un objeto especial entre las culturas de la antigüedad sino que está presente en nuestra sociedad actual donde distintas perforaciones y adornos al cuerpo son verdaderas insignias que muchas veces denotan la pertenencia a un grupo social determinado.

 

Mtro. Eliseo Padilla Gutiérrez
Curador- Investigador
Sala Culturas de Occidente

 

  • BT1
    El cazonci o gobernante del imperio tarasco era ataviado con este objeto como insignia de su poder y prestigio. Se le colocaba en una ceremonia especial y a su muerte era enterrado con el y otros objetos como orejeras, collares y cascabeles de cobre. También era otorgado a sacerdotes, gobernantes locales, capitanes y varones distinguidos en hazaña guerreras.
    Reprografía: Relación de Michoacán, lámina 9, fragmento.
  • BT2
    Entre los tarascos los bezotes fueron elaborados de arcilla, obsidiana, piedra verde, cuarzo y metal.
    Fotos: Archivo digital de las colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017. 
  • BT3
    Los casquillos de oro cubrían la parte cilíndrica del bezote que permanecía visible cuando era colocado. Algunas veces tenían en su interior aplicaciones de turquesa.
    Fotos: Archivo digital de las colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
  • BT4
    El cazonci concedía un bezote a los gobernantes locales, y a la muerte de éstos eran devueltos junto con otras insignias otorgadas como orejeras, brazaletes y collares. Estos objetos establecían una relación de legitimidad y subordinación con el soberano del imperio.
    Reprografía: Relación de Michoacán, lámina 10.
  • BT5
    El bezote era quitado intencionalmente cuando se castigaba por una falta o para deshonrar al enemigo capturado en la guerra. Cuando era arrancado quedaba un gran orifico debajo de la boca como señal de esta deshonra.
    Reprografía: Relación de Michoacán, lámina 19, fragmento.
  • BT6
    Los bezotes han sido encontrados en entierros cercanos a las yácatas, que eran los templos principales de Tzintzuntzan la ciudad capital; así como en otros asentamientos del imperio tarasco en Michoacán, Jalisco y Guerrero.
    Ubicada en las márgenes del Lago de Pátzcuaro, la ciudad prehispánica de Tzintzuntzan, se distribuye en amplias terrazas y grandes plataformas que se van acomodando en las laderas de los cerros Yahuarato y Tariácuri. Era sin duda una de las poblaciones más importantes a la llegada de los españoles en el siglo XVI, pues además de capital del imperio tarasco, desde aquí se tomaban las decisiones políticas, económicas y religiosas de mayor consideración. 

    Foto: Héctor Montaño, INAH. Tzintzuntzan, 21 julio 2017.

Bibliografía

Alcalá, Jerónimo de, Relación de Michoacán, El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, 2008.

Carmona, Martha, “El bezote: símbolo de poder entre los antiguos Mixtecas”, Boletín Museo del Oro, no. 42, 1997.

Durán, fray Diego, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra firme. Tomo II, Editorial Porrúa, segunda edición, México, 1984.

Pollard, Helen, “El imperio tarasco en el mundo mesoamericano” en Relaciones. Estudios de historia y sociedad, vol. XXV, núm. 39, 2004.