Museo Nacional de Antropología

Historia del Museo

A casi medio siglo de su creación, el Museo Nacional de Antropología se mantiene como el más emblemático de los recintos que salvaguardan el legado indígena mexicano. Se erige como símbolo de identidad y mentor de generaciones que buscan conocer sus raíces culturales. Asombrosa resulta la pericia de su construcción, su innovador diseño, su arte y su simbolismo, que le han otorgado una personalidad ampliamente reconocida alrededor del mundo.
El Antiguo Museo en la calle de Moneda, hoy Museo Nacional de la Culturas, era una sede que no cumplía con los requerimientos para la protección, investigación y difusión de las colecciones arqueológicas y etnográficas. Desde los albores del siglo XX y en el marco del Congreso Internacional de Americanistas, Justo Sierra expresó el compromiso que debían adquirir los gobiernos mexicanos para crear un nuevo recinto. Pese a variados intentos, dicho deseo solo pudo verse cristalizado en la década de 1960.

Génesis conceptual

El Museo actual se fundó como recinto de la memoria en cuyos muros reposa un proyecto de nación, en el que el patrimonio nativo se concibió como testimonio del presente y al que le fue sumado un carácter universal y de alto valor artístico. A la par, se planteó como sede de  nuevos enfoques de recuperación del mundo indígena pasado y actual, derivados de la profesionalización de los estudios antropológicos, arqueológicos e históricos.El personaje esencial que posibilitó esta obra museística fue Jaime Torres Bodet quien, como Secretario de Educación Pública, emprendió una serie de políticas de impulso a la educación en México: campañas de alfabetización, la formación del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE) con el que se crearon las escuelas rurales, las normales regionales y el Plan Nacional de Museos, entre los que estaba el de Antropología (junto con el de Historia, el del Virreinato y el de Arte Moderno).

Durante el sexenio de Adolfo López Mateos, Torres Bodet reunió al equipo de personajes visionarios, cuya tarea sería definir los conceptos rectores del nuevo museo. Así, se integró el Consejo Ejecutivo para la Planeación e Instalación del Nuevo Museo Nacional de Antropología, presidido por el Arq. Ignacio Marquina -en colaboración con alrededor de 40 asesores científicos- el cual comenzó a operar de manera autónoma pero coordinado eficazmente con funciones propias del INAH.

Los criterios bajo los cuales se condujo la creación del recinto fueron: 

a) El enriquecimiento, registro, conservación y manejo del patrimonio cultural mexicano desde un ámbito enteramente institucional.
b) Producción y divulgación de conocimiento científico y objetivo.
c) Enseñanza popular acerca del mundo indígena. (El conocimiento que por décadas estuvo reservado a las elites intelectuales del país, se haría más accesible a toda la población).

El Consejo se integró por 5 equipos de trabajo que colaboraron de la mano en todo momento:

  1. Equipo de asesoría antropológica, arqueológica e histórica
  2. Equipo de asesoría didáctica
  3. Equipo museográfico
  4. Equipo artístico de maquetas y dioramas
  5. Equipo arquitectónico

 

Además de realizar numerosas reuniones en las que vertían sus reflexiones, sugerencias y acuerdos; también se visitaron diversos museos extranjeros con el fin de hacer un escrupuloso balance entre lo que convenía o no para el recinto mexicano en cuanto a avances museográficos y tecnológicos. Una vez dado este paso, fue momento de materializar dichos conceptos.

 

 

Vista del antiguo Museo Nacional en la calle de Moneda, 1959. Fotografía: Archivo del Departamento de Restauración del Museo Nacional de Antropología.

Visita a Teotihuacan durante el Congreso Internacional de Americanistas. 1910. Leopoldo Batres pronuncia un discurso ante los congresistas. Fotografía: SINAFO-Instituto Nacional de Antropología e Historia

Justo Sierra, Ministro de Instrucción Pública, y los congresistas en el Museo de Teotihuacan, 1910. Fotografía: SINAFO-Instituto Nacional de Antropología e Historia

Creación en Chapultepec de la Galería de Historia  "La Lucha del Pueblo Mexicano por su libertad", como parte del Proyecto Nacional de Museos del gobierno de Adolfo López Mateos. Fotografía: Archivo del Departamento de Restauración del Museo Nacional de Antropología.

Interior de la Galería de Historia. Fotografía: Archivo del Departamento de Restauración del Museo Nacional de Antropología.

Eusebio Dávalos Hurtado, director del INAH, Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública, y Adolfo López Mateos, presidente de la República. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez

Junta de trabajo de los asesores científicos del Consejo Ejecutivo para la construcción del Museo. Ignacio Bernal, Luis Aveleyra, Pedro Ramírez Vázquez, Ignacio Marquina y Ricardo Robina. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

Caso, Ricardo Robina y Ernesto P. Uruchurtu recibiendo la visita periódica del presidente López Mateos en la que supervisaba los avances en la construcción del Museo Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez

Expedición realizada por los miembros del Consejo de Planeación e Instalación del Nuevo Museo para la adquisición de materiales arqueológicos, 1963. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.

 

Arquitectura y construcción

El proyecto estuvo dirigido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, en cuya oficina se centralizó la toma de decisiones, siempre bajo la asesoría del Consejo Ejecutivo. Desde allí se coordinó y auspició las exploraciones arqueológicas y etnográficas, se organizó el transporte de grandes piezas desde diversas regiones del país y se supervisó el traslado de todo el acervo del antiguo Museo, así como las instalaciones museográficas. Todo ello se realizó simultáneamente a la construcción del inmueble; proeza que se logró en tan solo diecinueve meses, entre febrero de 1963 y septiembre de 1964.

Enclavado en el corazón de Bosque de Chapultepec, el Museo se edificó sobre una superficie de 70 000 metros cuadrados. Su estratégica ubicación fomentaría una nutrida afluencia y brindaría afinidad con el entorno natural. Su diseño materializó el respeto por la tradición de los pueblos prehispánicos, conservando sus valores y constantes culturales pero aplicándolos con soluciones nuevas y en armonía con los materiales, técnicas y necesidades contemporáneas. (Por ejemplo, emulando los templos prehispánicos, se eligió la piedra como elemento básico de construcción aunque sus tratamientos fueron distintos). De igual modo, vital resultó la integración un programa de obras plásticas de numerosos pintores y escultores mexicanos, que habría de otorgarle al museo su peculiar personalidad. 

 

Plano del corte longitudinal y transversal del Museo Nacional de Antropología. En 1965,  México participó en la Bienal Internacional de Arquitectura, celebrada en São Paulo, Brasil, con planos y fotografías del museo. El jurado le otorgó la medalla de oro a Pedro Ramírez Vázquez por su magnífica realización. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez

Plano de la planta baja del Museo en donde se aprecia la armoniosa distribución y modulación general del espacio en ángulos de 90 grados. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez

Jaime Torres Bodet mostrando la maqueta del museo al arquitecto Pierre Vago, presidente de la Unión Internacional de Arquitectos. Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

El Museo en construcción. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.


El Museo en construcción. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

José Chávez Morado, escultor. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez

Traslado de la Piedra del Sol desde el Antiguo Museo Nacional. La monumental escultura hizo un simbólico recorrido por puntos significativos de la Ciudad de México, como el Zócalo y el  Paseo de la Reforma, siendo admirada por numerosos sectores de la población capitalina. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.

Traslado de la Piedra del Sol desde el Antiguo Museo Nacional. La monumental escultura hizo un simbólico recorrido por puntos significativos de la Ciudad de México, como el Zócalo y el  Paseo de la Reforma, siendo admirada por numerosos sectores de la población capitalina. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.


Traslado de la Piedra del Sol desde el Antiguo Museo Nacional. La monumental escultura hizo un simbólico recorrido por puntos significativos de la Ciudad de México, como el Zócalo y el  Paseo de la Reforma, siendo admirada por numerosos sectores de la población capitalina. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.

Traslado de la Piedra del Sol desde el Antiguo Museo Nacional. La monumental escultura hizo un simbólico recorrido por puntos significativos de la Ciudad de México, como el Zócalo y el  Paseo de la Reforma, siendo admirada por numerosos sectores de la población capitalina. Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.

Traslado de la Piedra del Sol desde el Antiguo Museo Nacional. La monumental escultura hizo un simbólico recorrido por puntos significativos de la Ciudad de México, como el Zócalo y el  Paseo de la Reforma, siendo admirada por numerosos sectores de la población capitalina. Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.


El monolito de la deidad de la lluvia instalado en su nuevo hogar, el MNA, cual custodio del  patrimonio indígena mexicano. La escultura fue trasladada desde el poblado de Coatlinchan, Estado de México, el 16 de abril de 1964. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

Ceremonia de inauguración del nuevo Museo. 17 de septiembre de 1964. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.

El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez,  director general del Proyecto de Construcción e Instalación del nuevo Museo, expresando unas palabras al  público durante la ceremonia. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.

A la gala inaugural se dieron cita numerosos y destacados personajes de la vida política y cultural mexicana e internacional. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.

El presidente Adolfo López Mateos devela el mensaje labrado en mármol que, en su propia voz, sintetiza el espíritu y propósito del recinto. Fotografía: Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON


Vista general del patio central durante la ceremonia de inauguración. Fondo fotográfico “Museo Nacional de México”, Archivo Histórico del MNA- Proyecto de Digitalización de las Colecciones Arqueológicas del MNA, CONACULTA-INAH-CANON.


 

La forma básica del recinto se concibió en un solo rectángulo fraccionado en espacios que posibilitan funciones y sensaciones diversas, aun cuando todos compartiesen la misma materia prima: mármol, aluminio y cristal. Su manejo se rigió bajo el concepto de "arquitectura de servicio". A través de la comprensión de las necesidades del "usuario visitante" y el "usuario protagonista" (las piezas exhibidas), se determinó necesario un juego armónico en el que las áreas abiertas en salas y patios, el manejo de la luz, las dimensiones y material de los muros, resultaron primordiales. Con base en ello, la organización básica del inmueble se dividió en:

Plaza de acceso y fachada

Se trata de una enorme explanada de acceso libre y armonizada con el ambiente natural, que advierte al público sobre la magnitud de lo que observará en su visita. La gente es invitada a entrar gracias a los ventanales de cristal del acceso y la grandilocuencia del recinto se enfatiza con el relieve de la insignia nacional, el águila y la serpiente, esculpido por el artista guanajuatense, José Chávez Morado sobre el mármol blanco de la fachada.

Explanada del Museo. Fotografía: Javier Hinojosa

 

 


Vestíbulo

 

Espacio diseñado para orientar y distribuir a los visitantes. Al centro se ubica un promontorio que representa a la pirámide de Cuicuilco, pensado originalmente para exhibir la "pieza del mes". Aunque actualmente ello no se lleva a cabo, este espacio se utiliza para exposiciones periódicas de objetos del Museo o de instituciones foráneas. 

Vestíbulo. Fotografía: Javier Hinojosa

 

A la izquierda pero en la planta alta se dio espacio a la Biblioteca, mientras que el ala derecha se reservó como área académica. Fue la sede de la Antigua Escuela Nacional de Antropología e Historia, que al crecer se trasladó al sur de la ciudad.

Patio Central

Apostando por un juego entre extensas áreas abiertas al interior y exterior, que otorgaran al visitante un movimiento libre y fluido, se retomó el concepto arquitectónico maya del patio delimitado por edificios, como el Cuadrángulo de las Monjas, en Uxmal.

Cuadrángulo de las Monjas, Uxmal. Fotografía: Javier Hinojosa

 

Las salas fueron distribuidas alrededor del núcleo central, de tal modo que es posible recorrerlas siguiendo un circuito continuo o de manera aislada, según el propio tiempo e interés. De igual modo que en el conjunto maya, las estructuras alrededor del patio llevan un piso bajo plano y libre, mientras que el piso superior fue decorado con una celosía en forma de serpiente geometrizada, concebida por el escultor Manuel Felguérez en alusión al simbolismo de dicho animal entre los pueblos prehispánicos. 

Vista del Patio Central y la celosía. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez

 

 

El patio se dividió en dos zonas contrastantes entre sí de acuerdo a la luz que reciben: la primera es el paraguas; la segunda está dominada por un estanque ligado a la Sala Mexica que permite rememorar el origen lacustre de esa cultura y resalta su importancia. Además, se colocó un caracol de bronce, El Sol del Viento, esculpido por Iker Larrauri, cuya función es emitir sonidos emulando a la musicalidad de los instrumentos prehispánicos.

Vista del Patio central, el estanque y “El Sol del Viento”. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez.
El diseño original del museo también incluyó un pebetero –que ahora ya no existe- cuya flama ardería en rememoración de la ceremonia del Fuego Nuevo mexica. Mediante el estanque, el caracol y el pebetero, se simbolizó a los cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra, tan importantes en la cosmovisión mesoamericana.

El Paraguas

Este emblemático elemento arquitectónico, además de resguardar a los visitantes, fue diseñado para enfatizar el respeto por el entorno natural mediante su caída libre de agua. Su monumental estructura superior, que cubre una superficie de 84 por 52 cm., es soportada por cables conectados a los edificios aledaños, y se sitúa entre las "cubiertas colgantes" más grandes del mundo. 

Paraguas. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez.

 

Su columna fue revestida en bronce con un relieve escultórico hecho por los hermanos Chávez Morado, cuyo diseño se basó, a su vez, en el concepto y guión de Jaime Torres Bodet. La composición escultórica se titula Imagen de México, y lleva como eje los cuatro puntos cardinales, cada uno interpretado por el pensador del siguiente modo:

Vista al este. Integración de México. Por la costa oriental de México, llegaron las naves españolas de la Conquista. En la base se presenta al pasado prehispánico de México, por medio del águila y del jaguar, que son símbolos del día y la noche. Entre ellos, aparecen la espada de la Conquista y el Sol naciente. En el fuste, la espada penetra en las raíces de una ceiba, símbolo maya de la fundación de los pueblos, que se abre en su sección superior con dos rostros, un indio y un español, las cuales constituyen la base principal de nuestro mestizaje. Sobre este símbolo y correspondiendo al capitel, se apoya el águila, emblema nacional del México de hoy […]

Vista al oeste. Proyección de México. Esta proyección hacia el mundo se inicia desde nuestras costas occidentales, con la expedición a las Islas Filipinas. Sobre los símbolos prehispánicos de la base, y partiendo de la acostumbrada representación del agua en los códices, se ve un Sol poniente, símbolo del rumbo hacia donde se inició la proyección de México. En el fuste la ceiba está cruzada por una vigueta de acero y una rosa de los vientos, representación de la firmeza y la amplitud de esa proyección. Sobre la misma ceiba, que se abre con un símbolo de la fisión nuclear, se apoya como capitel, un hombre con los brazos extendidos y las entrañas descubiertas, enmarcado por dos ramas de olivo y una paloma para significar que se entrega totalmente a la paz.

Vista al norte y al sur. Lucha del pueblo mexicano por su libertad. En los lados norte y sur se observan tres armas que hieren el cuerpo de la columna -México- y que corresponden a nuestras tres etapas formativas: Independencia, Reforma y Revolución Agraria. El capitel está coronado por formas prehispánicas, que simbolizan el cielo. La composición basada en los cuatro puntos cardinales se liga con las viguetas de acero que en forma radial sostienen la cubierta monumental y contribuyen a dar la impresión final de universalidad de la cultura mexicana.

 


Iconografía del Paraguas. Dibujo tomado del libro Museo Nacional de Antropología. Gestación, Proyecto y Construcción (2008).

 

Debajo del patio y las estructuras mencionadas subyace otro mundo más: 15 mil metros cuadrados acondicionados para el área de servicios educativos, talleres, oficinas, laboratorios, espacios de investigación, almacenes y anexos que día con día, durante décadas, han puesto en marcha la vida del recinto. 

 

Museografía

Siendo treinta mil metros cuadrados de salas de exposición, resultó una labor titánica estructurarlas. El objetivo fue satisfacer necesidades didácticas y científicas, pero de tal modo que fuera un espectáculo para el visitante. Se apeló a la razón y también a las sensaciones, se buscó funcionalidad al igual que la emoción, que el sujeto se instruyera objetivamente pero a la par reconociera sus valores identitarios y encontrara su lugar en el mundo.

Cada una de las veintidós salas fue instalada por un equipo propio, que incluía un cuerpo de investigadores, guionista, museógrafo, pedagogos y técnicos. En cuanto a contenidos, se realizó una profunda revisión de ideas y conceptos preexistentes sobre el mundo indígena. También fue necesario conciliar los criterios de antropólogos, arqueólogos y etnógrafos con el objetivo de ofrecer un discurso coherente y homogéneo. Tras ello se generó un conjunto de estudios generales y monografías sobre las distintas áreas geo-culturales, que serían sintetizados por los especialistas y que fungieron como punto de partida para la distribución e instalación de las salas. Era esencial no limitarse a una mera exhibición de objetos, sino complementarla con todo el material explicativo necesario.

Una jornada laboral del Consejo Ejecutivo. En la imagen se aprecia la dinámica de trabajo entre los diversos equipos encargados de la instalación del museo. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

El diseño museográfico tuvo un impacto nacional y mundial. A  las salas se les dio alturas diferenciadas en los techos para resaltar ciertos aspectos culturales. La Sala Mexica fue concebida como la principal del Museo, de ahí que su techo alcance los seis metros de altura. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

La artista Rina Lazo realizó una magnífica réplica de los murales de Bonampak que el público puede apreciar en el jardín de la sala maya. Fotografía: Archivo del Departamento de Restauración del Museo Nacional de Antropología


Para la sala Teotihuacan se elaboró una réplica del Templo de Quetzalcóatl a la cual se añadió la pigmentación que, de acuerdo a los estudios arqueológicos, tuvo originalmente dicho edificio. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez.

Diorama sobre la supervivencia del hombre prehistórico en América. En su elaboración se aprovechó al máximo la destreza manual e intelectual tanto de artistas como científicos, dando como resultado modelos de gran fidelidad y que facilitaban la intención didáctica del museo. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez.

En las salas etnográficas, los museógrafos trabajaron directamente con indígenas de diversas regiones de México  para la recreación de sus espacios domésticos, utensilios y  elementos presentes en la vida cotidiana. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

Los propios indígenas construyeron réplicas exactas de su entorno cotidiano, sus chozas, mobiliario, indumentaria, lo cual brindó autenticidad y realismo a los montajes que buscaban expresar las formas de vida y de pensamiento de sus comunidades. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

 

Paralelamente se realizaron numerosas expediciones arqueológicas y etnográficas con el fin de acopiar objetos de exposición y datos de investigación de campo. Así, las salas de etnografía, por ejemplo, se enriquecieron con material procedente de setenta expediciones: miles de objetos de uso doméstico y ceremonial rigurosamente documentados, fotografías y notas de campo; un copioso e invaluable archivo científico para la etnografía mexicana.

Las salas originales fueron:

  • Orientación. Presentaba al público los aspectos generales del museo.
  • Antropología. Una visión general sobre esta ciencia y sus ramas de estudio, la evolución del hombre y su cultura según las grandes épocas históricas.
  • Mesoamérica. Mostraba a las culturas prehispánicas como un conjunto evolutivo y cambiante en el tiempo en el que, dentro de la totalidad de un ámbito geográfico, había desarrollos culturales según las épocas y regiones; o elementos culturales que se heredaban, modificaban o desaparecían.
  • 11 Salas arqueológicas. Distribuidas a partir de la individualización de las culturas, con base en una secuencia cronológica y, en lo posible, por áreas geográfico-culturales.
  • 8 salas de etnografía. Se procuró que éstas ocupasen, dentro de la arquitectura del edificio, una posición coherente en relación con las culturas arqueológicas. En ellas se representó un total de cincuenta grupos indígenas, algunas por vez primera. La sala inicial, Introducción a la Etnografía, mostraba los elementos básicos de esta disciplina. La última, Antropología Social, señalaba la continuidad entre las culturas indígenas arqueológicas y las actuales, exponiendo también sus aportes culturales.

Contexto museográfico

El temario básico de todas las salas fue: el medio natural; formas de subsistencia; estructura social y política; economía; religión, dioses y magia; conocimientos (matemáticas, herbolaria, escritura); por último el proceso histórico y etapas culturales de estos pueblos. Además, para dar claridad sobre temas complejos resultó imprescindible el uso de dioramas, maquetas y modelos, los cuales fueron creados por los más destacados maestros y estudiantes de las escuelas nacional de escultura, bajo la supervisión estricta de los consejeros científicos para lograr la mayor fidelidad posible.

Dentro del afán de objetividad y de proporcionar verosimilitud sobre los diversos contextos históricos, se concibió fundamental crear las réplicas de edificios prehispánicos (al interior o exterior de las salas), o bien, de las casas-habitación de las comunidades indígenas contemporáneas que facilitarían al visitante aprehender el conocimiento sobre la vida de estos pueblos. Por ejemplo, en la sala Teotihuacan se reprodujo una parte del Templo Quetzalcóatl, mientras que en la Maya se creó una réplica de los murales de Bonampak y, con trabajadores, técnicas originales y piedras yucatecas, una del Templo de Hochob. Para etnografía, los propios habitantes de cada región fueron los encargados de reproducir con exactitud su entorno cotidiano dentro del museo y de ayudar directamente a los museógrafos.

Las voces en los muros

Otro elemento esencial dentro de la museografía fue la participación de destacados artistas mexicanos, cuyo objetivo principal fue ampliar el concepto curatorial de las salas a través de obras plásticas con valor estético y didáctico: los artistas reinterpretaron una parcela del pasado, desde su propio estilo y técnica pero siempre guiados con los avances en los estudios científicos.

Los talleres artísticos se instalaron durante la construcción del edificio, contribuyendo a la formación de un ambiente de trabajo colectivo en el que maestros y ayudantes legaron al pueblo mexicano algunas de las expresiones artísticas más notables de su tiempo. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

Rufino Tamayo elaboró para el museo uno de sus murales más emblemáticos: Dualidad. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

La obra de Carlos Mérida engalana la sala dedicada a los pueblos de El Gran Nayar. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

Pablo O’Higgins fue el encargado de expresar en su obra plástica la mitología de los pueblos purépechas. Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

 

Durante los años posteriores a 1963, y en momentos distintos, más murales se fueron integrado al recinto, ya fuese por encargo o por donación. Como resultado de todo lo anterior, el museo cuenta ahora con una vasta colección de trabajos artísticos, entre los que destacan:

 

Rufino Tamayo
Dualidad, 1964

El tema de este mural es la lucha de contrarios. Quetzalcóatl, la serpiente y el sol representan al bien, al día, la luz y la sabiduría. Tezcatlipoca como jaguar y la luna encarnan la oscuridad, la noche, el inframundo y el mal. En esta feroz batalla la deidad solar abre sus fauces para devorar al felino de la muerte. No obstante, hoy sabemos que una concepción maniqueísta no es aplicable a los pueblos prehispánicos; el bien y el mal, tal como se concibe en el mundo occidental, no existió en la cosmovisión mesoamericana. Se trata de una interpretación del pintor respecto a lo que ahora entendemos como “opuestos complementarios”.  Fotografía: Proyecto de Digitalización de las colecciones arqueológicas MNA-INAH-CANON

Iker Larrauri
Fauna extinta del Pleistoceno, 1964

El artista representa a los antiguos habitantes de nuestro mundo, hoy extintos.Se superpone en la composición los voluptuosos cuerpos de los animales pleistocénicos: el megatherium o perezoso gigante, del mastodonte, el mamut, el rincoterio, el tigre dientes de sable, un oso, un caballo y un lobo pleistocénicos, el camélido, un bison antiquus y un eremotherium u oso hormiguero. Cabe destacar el movimiento, la verosimilitud y realismo de la representación. Fotografía: Proyecto de Digitalización de las colecciones arqueológicas MNA-INAH-CANON

Luis Covarrubias
Mesoamérica, 1964

Covarrubias, con gran detalle, representa a la República Mexicana y los países centroamericanos, cuna de las civilizaciones mesoamericanas. Su capacidad de síntesis logra destacar el medio geográfico y los elementos distintivos de las culturas prehispánicas, como su cerámica, sus templos y manifestaciones escultóricas. Fotografía: Proyecto de Digitalización de las colecciones arqueológicas MNA-INAH-CANON

Leonora Carrington
El mundo mágico de los mayas, 1964

La obra comprende la vida cotidiana de los indios chamulas así como sus creencias religiosas; enfatizando los tres niveles del cosmos: el espacio celeste, el terrenal y el Xibalbá o inframundo. Carrington trazó con su particular espíritu, lenguaje e iconografía surrealista, los principales elementos mitológicos indígenas vertidos en obras como el Popol Vuh. Fotografía: Proyecto de Digitalización de las colecciones arqueológicas MNA-INAH-CANON

Jorge González Camarena
Antropología, la cultura como obra de todas las razas del mundo, 1964

En esta obra cada mujer representa a las diversas culturas del mundo. Simbólicamente y a través de numerosos elementos arquitectónicos (como el capitel griego, el elefante hindú, el toro mesopotámico, etc.) se muestra el lugar que han tenido estas civlizaciones en el devenir histórico. Si observamos la pintura veremos cómo la composición busca expresar la universalidad de los pueblos mesoamericanos al introducir elementos típicos de sus edificios, como las columnas de serpiente. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez

Nicolás Moreno
Paisaje de Juchitepec, 1964

Este autor muestra con gran realismo la grandeza del paisaje mexicano. Sus dimensiones y el exquisito manejo de los matices de luz, permiten al espectador introducirse en la inmensidad de las tierras de cultivo y el ambiente cotidiano en los campos centrales de México. Fotografía: Proyecto de Digitalización de las colecciones arqueológicas MNA-INAH-CANON

Alfredo Zalce
La construcción de Tula, 1964

La majestusidad del mural no se debe únicamente su composición pictórica, los colores contrastantes y los personajes en movimiento, sino al tema que representa: la construcción de una de las capitales más importantes del México antiguo. La acción nos permite comprender, entre otras cosas, las técnicas constructivas antiguas, las jerarquías sociales y el enorme despliegue de poder detrás de la construcción de las urbes y monumentos prehispánicos. Fotografía: Proyecto de Digitalización de las colecciones arqueológicas MNA-INAH-CANON

Pablo O´Higgins
Boda purépecha, 1964

La escena enmarca una boda tradicional purépecha, del pueblo de San Lorenzo. Curiosamente, los personajes no denotan la indumentaria típica purépecha pero sí elementos simbólicos vinculados a esta ceremonia, de la cual se puede sugerir una posible herencia de tiempos prehispánicos, tal como el fuego ondulante. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez

Carlos Mérida
El mundo mágico de los huicholes, 1964

Con su lenjuaje pictorico tan personal y de carácter abstracto, Mérida dio vida a este alucinante vitral que nos permite establecer una semejanza con los colores utilizados por los pueblos indígenas en la producción de sus objetos utilitarios y artesanales.  Cabe destacar lo vibrante y alegre de la composición y la actualidad de los materiales. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez

Mathias Goeritz
Sin título, 1964

Introductor de la teoría de la Bauhaus en México, Goeritz creó este biombo como estructura complementaria del espacio arquitectónico. Inspirado en la habilidad artesanal indígena, utilizó cuerdas de fibra vegetal (ixtle) entrelazadas para formar motivos geométricos relacionados con el simbolismo huichol. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez

 

También resultó muy importante la inclusión de citas a fragmentos o versos derivados de las fuentes etnohistóricas que sintetizan algún aspecto representativo de la cosmovisión indígena. Las antiguas palabras, originalmente en náhuatl, maya-yucateco, quiché y otras lenguas, fueron vertidas al castellano y llegaron al presente cargadas de significaciones y mensajes. Fueron puestas en la entrada de cada sala como indicios de un diálogo entre el pasado y el presente, dotando al público de la posibilidad de introducirse a la sensibilidad literaria y al pensamiento indígena, a su sentir, su ética, su poesía, sus mitos, su oralidad… su legado intangible. 

Fragmento de los “Cantos de Huejotzingo” que da la bienvenida al visitante en la sala Culturas Indígenas de México. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez.

Un espacio museístico del nuevo siglo

Muchos son los retos a los que hace frente este recinto. Desde 1993, sobre todo, ha tenido una serie de transformaciones que permiten incluirlo paso a paso en la dinámica del mundo contemporáneo. Siempre consciente de la necesidad de refrescar las perspectivas de estudio, el museo se ha abierto en los últimos años hacia nuevos enfoques de reconocimiento y revaloración, más sólidos, de la realidad multicultural de México. A partir del 2000 se renovó el discurso museográfico de varias salas del museo que conllevó una actualización de cedularios, su presentación en inglés, exhibición de piezas que antes estaban en las bodegas, más el uso de una nueva propuesta de comunicación, orientación y servicios para el público acorde con los avances museológicos. El trabajo fue un esfuerzo conjunto de investigadores, museógrafos, técnicos y autoridades que fijó el establecimiento de dos grandes novedades en la antigua distribución: por un lado, se reemplazó la sala Orígenes por una que definiera un concepto más amplio e hiciera hincapié respecto al valor del patrimonio; por el otro, la sustitución de la otrora sala de Introducción a Mesoamérica por un espacio de exhibiciones temporales que permite mostrar los avances en los estudios arqueológicos, etnográficos y antropológicos de México.

Actualmente, el MNA lleva a cabo otro proceso de reestructuración museográfica, como en la sala Mexica y la de Los toltecas y el Epiclásico. Aunado a ello, el uso de tecnologías ahora permite transmitir el valor del patrimonio a más personas y más lugares en el mundo, fortaleciendo al museo en sus funciones educativas, de divulgación y protección del patrimonio.

La sala dedicada a los toltecas y el Epiclásico se engalanó con un discurso museográfico actualizado y la integración  magníficas de piezas recién adquiridas  trabajos arqueológicos. Fotografía: Ana Patricia Gutiérrez.

 

Bibliografía citada:

Kaiser Miriam y Dabi Xavier

2008

Murales en el Museo Nacional de Antropología. En Gaceta de Museos. Núm. 45. Tercera época, pp.26-33. INAH, México.

 

 

León-Portilla, Miguel

2011

Antiguas palabras de Mesoamérica en los muros. En Catálogo esencial del Museo Nacional de Antropología. 100 Obras. pp. 41-44. CONACULTA-INAH-Artes de México, México.

 

 

McCoy y Palomo, Gloria

2008

Catálogo comentado de murales del Museo Nacional de Antropología, siglo XXI. Tesis de 
licenciatura Casa Lamm. El autor, México.

 

 

Neuvillate, Alfonso de

1985

Arte contemporáneo en el Museo Nacional de Antropología. Dupont, México.

 

 

Ramírez Vázquez, Pedro

1968

El Museo Nacional de Antropología: Arte, Arquitectura, Arqueología, Etnografía. Editorial 
Tlaloc, México.

2004

El museo hace cuarenta años. En Museo Nacional de Antropología. México. Libro 
conmemorativo del cuarenta aniversario. pp. 29-55. CONACULTA-INAH-Turner, 
Barcelona.

2008

Museo Nacional de Antropología: Gestación, Proyecto y Construcción. INAH, México.

 

 


Obras

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