Xantolo: Fiesta de los difuntos de Yahualica, Hidalgo.




Como cada año, el Museo Nacional de Antropología apertura una exposición para la conmemoración de la fiesta de los difuntos de las poblaciones originarias de México. La exposición está basada en una investigación etnográfica en la que participaron indígenas de habla náhuatl del municipio de Yahualica, Hidalgo, quienes construyen un altar y ofrendan alimentos regionales tal y como lo hacen en su lugar de origen. Con ello, el público asistente recibe un testimonio directo de las formas en que esta región cultural tiene para recibir la visita de los difuntos.

Este año 2017, las poblaciones representadas forman parte de la región cultural denominada Huasteca, específicamente del municipio de Yahualica en el Estado de Hidalgo. Para el montaje se ha invitado a pobladores de las diferentes localidades del municipio. Desde esos lugares se han trasladado a la Ciudad de México para construir una vivienda indígena tradicional, arreglar el altar, preparar la comida y hacer el rezo con el que se hace la invitación y el ofrecimiento a las ánimas para degustar su banquete.

Los preparativos comienzan desde el mes de junio, el 24 que corresponde al día de San Juan se siembran las semillas de la flor de sempoalxóchitl. El 18 de julio y 29 de septiembre comienzan los preludios de las fiestas para los difuntos, en estas fechas se hacen invitaciones formales mediante una ofrenda de tamales, café, pan, velas y copal que se disponen en los altares domésticos. Las personas mayores de cada familia rezan y “hablan” con sus difuntos para invitarlos a casa, así mismo les piden que intercedan por las milpas para que haya los alimentos suficientes.

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    Altar y ofrenda de muertos, realizada por habitantes de Yahualica, Hidalgo.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Tarcisio Lara Nochebuena, explica la ofrenda y las danzas a los visitantes, tanto en español como en náhuatl.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    En la noche del 30  de octubre se arreglan los altares, se componen por una mesa recargada sobre la pared en donde hay imágenes de los santos y las fotografías de los difuntos.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    El 31 de octubre al mediodía llegan los infantes conocidos como pilconetzitzi.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    El primero de noviembre se recibe  a los difuntos adultos o huehueyih.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Habitantes de Yahualica Hidalgo, visitaron el museo para el montaje de la ofrenda.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Valeriana, rezandera de Yahualica sahúma a los danzantes.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Danza de los Colis.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Las danzas se acompañan con un trío de músicos de cuerda (violín, jarana y guapanguera), que interpretan sones durante toda la celebración.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Danza de los Huehues.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Comunidad de Yahualica, realizando rezos frente al altar.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Personaje viejo, danza de los Colis.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Niños de Yahualica, Hidalgo.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Valeriana, reconocida rezandera de Yahualica, Hidalgo.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Cuadrilla de Cuahuehuentin.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Las expresiones dancísticas son parte de las celebraciones a los difuntos, están relacionadas con la representación a los ancestros, divinidades y figuras míticas.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.
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    Danza de Matlachines.
    Foto: Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-Canon, 2017.

En la noche del 30 de octubre se arreglan los altares, los cuales se componen por una mesa recargada sobre la pared en donde hay imágenes de los santos y las fotografías de los difuntos. El 31 de octubre al mediodía llegan los difuntos infantes conocidos como pilconetzitzih, se les recibe camino a casa con veredas de pétalos de flores, agua bendita y humo de copal, acto que recibe el nombre de tlanamiquilistli. El día primero de noviembre reciben los difuntos adultos o huehueyih, al igual que el día anterior se les da la bienvenida desde el camino, indicándoles la ruta mediante un surco de pétalos de flores. La ofrenda principal de este día se compone de mole, tamales, pan, chocolate, refrescos, cervezas, aguardiente, tabaco, dulces tradicionales y otros comestibles que los difuntos disfrutaban. El día dos de noviembre se visita los panteones, ahí sobre las tumbas se colocan ofrendas de comidas y bebidas; se hacen rezos, se toca música ceremonial y los danzantes bailan los géneros cuanegros, huehues, colis y matlachines.

Durante los días que dura la fiesta hay una circulación e intercambio de comidas y regalos entre los familiares, las personas visitan a sus padrinos y compadres para convivir, mientras tanto en las calles se escuchan el tronido de los cohetes de pirotecnia, así también la música de cuerdas que ponen de manifiesto la puesta en escena de las danzas que recorren las casas de las localidades. En el templo católico el repique de las campanas convocan a misa para la bendición de las ofrendas y ornatos florales de los difuntos. A los nueve días de estas se realiza otra ofrenda más y el 30 de noviembre se prepara la despedida de los difuntos, fecha conocida como de San Andrés. Para ello se vuelven a preparar tamales, panes, chocolate y una serie de guisos y adobos que se degustan en los altares de cada uno de los hogares.