Ofrenda mortuoria y bultos sagrados de los Binigula´sa prehispánicos


Los binigula´sa “gente antigua engendrada en las nubes” (binni, gente, gula antigua, zaa nube) o también bennizaa (gente de las nubes) nombrados por los nahuas: “zapotecos”. Fueron un pueblo sumamente devoto, en donde todos los actos de la vida estaban relacionados con la religión, el ritual y el ceremonial.

La muerte era un acontecimiento significativo del cual tenemos información importante. Sabemos que incluía actos de penitencia, habitualmente conllevaban ayuno, abstinencia sexual de los deudos y ofrendas que incluían copal y otras resinas olorosas como la de enebro y el liquidámbar, estas últimas mencionadas en legajos resguardados en el Archivo General de Indias en Sevilla. También, se degollaba ritualmente al guajolote o “gallina de la tierra”, para esparcir por goteo su sangre, el preciado líquido orgánico sobre el cuerpo del difunto y los objetos de la ofrenda mortuoria. Este ceremonial quedó registrado en la obra del clérigo Francisco de Burgoa, cronista de Oaxaca, así como en documentos resguardados en el Archivo General de Indias y en el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México.

Burgoa refiere el entierro de un gran sacerdote del cual nos dice que:
“llevado por vijanas que son los concolegas para los sacrificios, en hombros con grande pompa de joyas y medallas de oro, mantas escogidas y otras preseas muy costosas y le pusieron en el sepulcro de un monte, con indias e indios vivos para que le sirvieran en los campos Eliseos de la otra vida…”

Las “preseas muy costosas” pueden referirse a plumas de ave de precioso plumaje, piedras sagradas como la turquesa y aquéllas de color verde, semejantes al jade, así como mantas de algodón con elaborados bordados.

Los montes eran lugares sagrados de culto, a los que se les ofrendaba como sacrificio guajolotes y copal ardiendo. Las cuevas, como parte de estos accidentes geográficos simbolizaban al útero materno donde todo inicia y termina, por tanto, lugares reverenciados para el final de la vida, consideradas entradas al inframundo. Dentro de ellas se colocaban imágenes de deidades. La cueva de Chalcaltongo se menciona como el lugar de depósito de los difuntos de la nobleza.

Se conoce por narración del cronista y por documentos depositados en el archivo que había “cajas”, en las que se guardaban objetos sagrados hechos fardos.

El texto dice así:
“Hallaron dos bultos formados de hojas que llaman yagaguichi, en uno hallaron una especie de canastillo que contenía dos mazorcas de maíz, liadas con una cinta del mismo papel y pendientes de él tres piedras lustrosas de la misma especie de las de arriba. Otro envoltorio del mismo papel y en él unos pimientos, un poco de semilla de chía, unos granos de frijol, unas pepitas de calabaza, todo en-vuelto en un pedazo de manta delgada con unas raíces de carbón. El otro bulto de la misma forma tenía otro envoltorio en un trapo negro y dentro varios manojillos de al parecer hojas de Ocotal y dos piedras de lo dicho y unas plumas y un caracol pequeño. Y al parecer ambos dichos bultos están teñidos de sangre que estos declarantes dijeron ser de gallo. Así mismo se mostraron y vieron otras zarandajas que dijeron ser de los barrios.”

La ofrenda mortuoria que ahora mostramos fue rescatada dentro de una cueva, si unimos la información del Padre Burgoa con la registrada en el Archivo de Indias, podremos dar cuenta que se aplica a estos objetos ofrendados. Tenemos la presencia del Dios Cocijo, Señor de la lluvia y el rayo, acompañado por dos personajes quienes en sus atavíos llevan elementos que los relacionan con la deidad principal. En ella predominan los objetos ceremoniales elaborados a partir de fibras vegetales que fueron cocidas, lavadas, prensadas y en algunos casos, pintadas. Con este material orgánico se hicieron y se colocaron lienzos, bolsas, envoltorios, madejas de cordeles y atados; de estos últimos sobresalen los que se componen de 9 cañas de maíz cortadas y entrelazadas, rellenas con fibra de la misma gramínea, haciendo referencia al numeral que estaba íntimamente relacionado con los niveles que componen el inframundo. En algunas piezas se añadieron diseños simbólicos usando el mismo material orgánico formando cruces, de color blanco y otras de color negro las cuales pueden interpretarse como los rumbos del universo. De los tejidos de algodón, sólo se conservan fragmentos con decoración en franjas que aún mantienen el color azul y el café natural propio del hilo.
En los objetos sobresalen salpicaduras de materia orgánica identificada como sangre de animal, seguramente de guajolote y resina de copal, tal como se describe en las fuentes documentales.


Curadora-Investigadora Sala Culturas de Oaxaca MNA
Dra. Martha Carmona Macías

Burgoa, Francisco de
Palestra historial de virtudes y ejemplares apostólicos. Fundada del celo de insignes Héroes de la Sagrada Orden de Predicadores de este Nuevo Mundo. Archivo General de la Nación, 2da edición, Vol. 24. México, 1934ª (1670)

  • OF1
    Urna ofrendada que acompaño al dios Cocijo. Representa un personaje que porta orejeras circulares, nariguera y barbiquejo. En su tocado se destacan los atributos de un felino, relacionado con la deidad principal.
  • OF2
    Urna que formo parte de la ofrenda, acompañando al Dios Cocijo. Muestra el rostro de un individuo con placa bucal y colmillos, evocando al jaguar. En el tocado se aprecia el símbolo del agua.
  • OF3
    Lienzo ceremonial con cinco cruces pegadas en forma simétrica. En algunas piezas de la ofrenda que mostramos añadieron este diseño simbólico, que pueden interpretarse como los rumbos del universo.
  • OF4
    Bolsa ceremonial con cruces que pudiera interpretarse como los rumbos del universo.
  • OF5
    Atado ceremonial de fibra vegetal, para su manufactura los componentes fueron cocidos, lavados y prensados. Sobresalen salpicaduras identificadas como sangre de animal, seguramente de guajolote y resina de copal.
  • OF6
    Fragmento de lienzo, tejido en telar de cintura con la técnica de ligamento de tafetán, con decoración lineal en varias tonalidades de color café.
  • OF7
    Atado ceremonial doblada por la mitad, enlazado con varias tiras de cordeles de la misma fibra, hechos con la técnica de cabo sencillo por torsión. 
  • OF8
    Envoltorio ceremonial atado con fibras del mismo material.
  • OF9
    Envoltorio ceremonial  formado por tiras blancas que envolvían otras fibras de color café oscuro. 
  • OF10
    Atado ceremonial de 9 cañas de maíz, cortados en sección y anudados con una tira de fibra vegetal. Su número hace referencia a los niveles que componen el inframundo prehispánico.
  • OF11
    Madeja de cordeles de fibras vegetales cocidas e hiladas, compuesta por tres atados que tienen tonalidades de café claro a oscuro. Logrados con la técnica en dos cabos con torsión floja en forma de S y Z, se anudaron con una tira de fibra vegetal.
  • OF12
    Atado ceremonial doblado.
  • OF13
    Atado de cuerdas trenzadas, con la técnica de lavado, cocido, tejido y torsión. Se destacan las salpicaduras de sangre de animal y de copal. 
  • OF14
    Par de sandalias infantiles con dos correas para sujetarse y un adorno al frente. Elaboradas con ixtle y la técnica de manufactura es lavado, anudado, prensado, trenzado y tejido.