El arte indígena en sus merecimientos /Herbert J. Spinden



Tomado de Parnassus volumen iii, número, 7 Noviembre de 1931.


Al ver desde fuera lo mejor arte del indígena americano, se abre ante nosotros un mundo nuevo de convenciones estéticas, aparecen monstruos que jamás imaginamos en la infancia de nuestra tradición europea y emergen diseños en formas inusuales en oficios a los que nunca atendimos. El llamado a nuestro disfrute sensual es inconfundible en el caso de los dibujos del Piel Roja, o de su música, o de su danza. Pero si se abre una puerta a un entendimiento amistoso y observamos esta delicada estructura desde dentro, hallamos que las fuerzas motrices son las mismas esperanzas y temores que movían a los griegos y que moverán a cualquier pueblo con la imaginación suficiente para crear un universo inmaterial.

México y Perú adquieren hoy nuevas personalidades sociales por medio de la mezcla de las tradiciones y capacidades indígenas y españolas. De manera similar los aborígenes de Estados Unidos están preparados para aceptar el mandato de la belleza y administrarlo para beneficio nacional. Para nuestros indígenas el arte se mueve con el tiempo y las fuerzas espirituales detrás de él no están casadas con la ruta del extinto búfalo. El indígena es un artista nacional preparado para crear moldes de belleza y para llenar de significado estos mismos moldes. En un mundo cada vez más mecanizado el indígena parece capaz de mantener contacto con la ilusión. Y eso es bueno puesto que las naciones llegan a ser grandes por las ilusiones que enriquecen el espíritu y fijan la interdependencia de los individuos en el organismo social.

El objetivo de la exposición sobre las Artes de las Tribus Indígenas es el obtener el debido reconocimiento para los artistas y artesanos indígenas como creadores de belleza. Resultado inevitable de este reconocimiento será una mejora en las condiciones económicas y la reanimación de la moral en numerosas tribus indígenas. Otro resultado será una apreciación más amplia del material indígena en la enseñanza del arte, la geografía y la historia de América, sobre todo en las escuelas públicas. Luego está ese ingrediente indígena en la formación de esa especial expresión característica que constituirá el arte futuro en América.

La habilidad indígena va paralela a las artes decorativas, las ceremonias dramáticas, la música, las fantasías en verso y prosa, a los oficios domésticos del tejido y la elaboración de cerámica y hasta la arquitectura y las esculturas monumentales. De lo anterior dan testimonio tanto el registro precolombino así como los dibujos naturales de los niños indígenas en nuestros días. Entre los indios pueblo y las tribus de las praderas hay jóvenes talentosos que han impresionado al mundo del arte con la belleza espontánea de sus acuarelas.

Es un arte con un cometido. Las formas estéticas, que son la expresión externa y visible de la filosofía indígena, están casi intactas en diversas tribus de indígenas que hoy habitan Estados Unidos. Nuestros aborígenes poseen tradiciones ceremoniales que se remontan a los antiguos modos de vida que llevaban los constructores de chozas y los que habitaban los abrigos rocosos. Los artistas y artesanos indígenas aún recurren a esta tradición como fuente de inspiración para sus obras contemporáneas, aunque las apariencias externas y los sentidos internos cambiaran. Hasta las expresiones más modernas y sofisticadas de su arte, las acuarelas que empezaron a realizar recientemente los indios pueblos y los de las llanuras, son fieles a la herencia social del buen gusto.

La tradición indígena no es algo estereotipado y retrógrado, como se puede notar al ver los rápidos desarrollos que siguieron a ciertos contactos con los Blancos. Las pértigas de los tótems en la costa occidental triplicaron su tamaño y su ejecución se hizo cada vez más atrevida al llegar las herramientas de metal que trajeron los traficantes de pieles hacia el final del siglo xviii. Las cuentas de vidrio fueron las nuevas chucherías con las que los primeros exploradores fascinaron a los sencillos salvajes. Pero en breve aparecieron nuevos trabajos en pedrería tanto en la construcción como en el diseño. Los navajo no tejieron tela sino hasta que se hicieron de la oveja española. A la siguiente generación producían elaboraciones fantásticas en forma de tapices. También los iroqueses, los navajos y otros tomaron el trabajo en plata y sacaron buenos productos.

El gusto por la belleza es innato en el Piel Roja y tenemos que garantizar que se desarrolle no que se destruya.

La exposición sobre las Artes de las Tribus Indígenas se inaugura el 30 de noviembre en Grand Central Art Galleries en la ciudad de Nueva York. En todo el país se ha manifestado un amplio interés en ella. Con seguridad estará en las siguientes sedes: Art Alliance, Filadelfia; Springfield Art Museum, Mass.; Memorial Art Gallery, Rochester, N. Y.; Museum of Fine Arts, Boston, Mass.; Currier Gallery of Art, Manchester, N. H.; Milwaukee Art Institute, Milwaukee, Wis.; Cincinnati Art Museum, Cincinnati, Ohio; Cleveland Museum of Art, Cleveland, Ohio; Seattle Art Institute, Seattle, Wash.; City Art Museum of St. Louis, St. Louis, Mo.; Los Angeles Museum of History, Science and Art, Los Angeles, Calif.; Portland Art Association, Portland, Ore.; Fine Arts Gallery of San Diego, Calif., y California Palace of the Legion of Honor, San Francisco, Calif., así como un gran número de otros museos.

Los patronos de la exposición incluyen a John Sloan, el teniente general Hugh L. Scott, Charles G. Dawes, Walter L. Clark, Edward C. Delafield, George B. Case, la esposa de Charles H. Dietrich, el doctor Phillip Goetz, Carl R. Gray, Chauncey J. Hamlin, F. W. Hodge, Percy Jackson, Oliver La Farge, la esposa de Victor Morawetz, la esposa de Dwight W. Morrow, la esposa de John D. Rockefeller, Jr., la esposa de John Sloan, Joseph Lindon Smith, el doctor H. J. Spinden, Martha R. White, el doctor Hartley Burr Alexander, Mary Austin, Alfred H. Barr, Jr., Erwin S. Barrie, el doctor Frans Blom, el doctor Herman C. Bumpus, Clyde Burroughs, Witter Bynner, Kenneth M. Chapman, el doctor Henry B. Collins, Jr., Alice Corbin, el doctor Byron Cummings, F. H. Douglas, Gertrude Ely, Anne Evans, Grant Foreman, el doctor Melvin R. Gilmore, el doctor Samuel J. Guernsey, Carl E. Guthe, H. J. Hagerman, Robert B. Harsh, John Davis Hatch, Jr., Gertrude Herdle, el doctor Edgar L. Hewett, el doctor George G. Heye, el doctor W. H. Holmes, el doctor Albert Ernest Jenks, el doctor A. V. Kidder, el doctor A. L. Kroeber, Buffalo Child Long Lance, el doctor George Grant MacCrudy, Jesse L. Nusbaum, el doctor Paul J. Sachs, el doctor Edward Sapir, H. C. Shetrone, el doctor Frank G. Speck, el doctor Matthew W. Sterling, el doctor Alfred M. Tozzer, James W. Young, Levi Edgar Young, la esposa de Robert Walker, Amelia Elizabeth White.