El Australopithecus y la evolución humana



Así como cada cuerpo humano tiene una biografía (dónde nacimos, qué enfermedades padecimos y cuál fue la calidad de nuestra alimentación), también tiene una historia evolutiva que explica el comportamiento y la anatomía de nuestra especie

El árbol evolutivo que compartimos con nuestros ancestros se compone de un conjunto de simios parecidos a los que hoy habitan el planeta pero con cambios anatómicos relacionados a la postura erguida y cráneos que revelan un cerebro cada vez más grande. En el género de los Australopithecus es probable que se encuentre el ancestro directo del género humano; entre ellos observamos dos tendencias, unos robustos y otros relativamente gráciles, que indica una adaptación diferente al ambiente.

Esas diferencias adaptativas son evidencia de cómo llegamos a ser los organismos que hoy somos. Por esa razón es importante investigar los procesos de la evolución humana.

A.F. Juan Manuel Argüelles
Dirección de Antropología Física
  • AEH1
    Tradicionalmente se creía que el proceso evolutivo de la humanidad había seguido un patrón unilineal, es decir, que un tipo de simio había cambiado gradualmente hasta adquirir las características de un homínido y después convertirse en el actual Homo sapiens. Hoy esa perspectiva se ha descartado; gracias a los avances en fechamientos y estudios genéticos se sabe que varios géneros y especies cohabitaron la Tierra de manera simultánea desde hace casi 6 millones de años y que las características adaptativas de unos les permitieron sobrevivir y evolucionar mientras que otros desaparecieron.
    Imagen: Human Family Tree, Smithsonian National Museum of Natural History  http://humanorigins.si.edu/evidence/human-family-tree
  • AEH2
    Una manera de agrupar las especies de homínidos es por su complexión, ya que en el pasado existieron tanto especies robustas como gráciles. Los Australopithecus gráciles se caracterizaban por esqueletos mucho más esbeltos, cejas menos pronunciadas y dentaduras que evidencian una dieta omnívora.
    Imagen: Australophitecus africanus, Reconstruction based on STS 5 by John Gurche. Cortesía de Smithsonian National Museum of Natural History.
    Foto: Archivo Digital MNA
  • AEH3
    Los Australopithecus robustos tenían rasgos faciales más toscos, huesos grandes, dientes masivos y mandíbulas poderosas (resultado de una dieta a base de frutos y cortezas duras).
    Imagen: Paranthropus boisei, Reconstruction based on OH 5 and KNM-ER 406 by John Gurche. Cortesía de Smithsonian National Museum of Natural History.
    Foto: Archivo Digital MNA
  • AEH4
    Los Australopithecus robustos poseían un arco cigomático o huesos de los pómulos grandes y salientes que atravesaban los músculos masticatorios (afianzados con fuerza a la cresta sagital, un borde en la parte superior del cráneo). Por otro lado, los Australopithecus gráciles tenían cráneos más esbeltos, redondeados, con arcos cigomáticos más estrechos, y carecían de cresta sagital (parecidos a los cráneos de los Homo sapiens).
    Imagen: Larsen, C. S. ,2014 Our origins: Discovering physical anthropology. New York, W.W. Norton & Company, Inc.
  • AEH5
    Las diferencias físicas entre ambas especies se relacionan con la dieta. Debido a una alimentación a base de cortezas y frutos duros, los especímenes robustos desarrollaron muelas masivas y poderosas y, por tanto, músculos masticatorios fuertes que necesitaban sujetarse a la cresta sagital del cráneo. En cambio, las especies gráciles mantenían una dieta omnívora: la ingesta de carne y comida más blanda requirió de dientes pequeños y de músculos masticatorios menudos.
    Imagen: Larsen, C. S. ,2014. Our origins: Discovering physical anthropology. New York, W.W. Norton & Company, Inc.
  • AEH6
    El cerebro de los descendientes de los Australopithecus gráciles aumentó gradualmente de tamaño por la ingesta de proteínas en la dieta: a partir de 430 cm3 de capacidad craneal, en las especies subsecuentes aumentó hasta los 1200 cm3 característicos del Homo sapiens. Por el contrario, los Australopithecus robustos mantuvieron una dieta basada sólo en vegetales que limitó el crecimiento del cerebro; esto se convirtió eventualmente en una de las causas de su extinción. 
    Imagen: Larsen, C. S. ,2014. Our origins: Discovering physical anthropology, New York, W.W. Norton & Company, Inc.
  • AEH7
    Por todo lo anterior, se puede afirmar que alguna especie grácil debe estar emparentada con el antepasado directo de los humanos actuales.
    Imagen: Lee R. Berger, 2013 "The Mosaic Nature of Australopithecus sediba", Science 340:163.