El Cápitan Dupaix



Curaduría: Dr. Leonardo López Luján

La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia atesora un álbum prácticamente desconocido, referente a los orígenes de la arqueología mexicana: la Descripcion de Monumentos antiguos Mexicanos. Data de 1794 y es obra conjunta del capitán Dupaix y del pintor novohispano José María Polanco. Se compone de un cuadernillo manuscrito y 22 dibujos, de los cuales sólo uno está perdido. Este documento consigna un total de 19 objetos arqueológicos del Posclásico tardío (1325-1521 d.C.) que fueron documentados a fines del siglo XVIII en la ciudad de México, Coyoacán y el cerro Moctezuma. Su análisis nos revela el valor que entonces estaban cobrando las creaciones prehispánicas, al grado de que muchas de ellas fueron exhibidas en la Academia de San Carlos junto con reproducciones de esculturas clásicas grecolatinas.

De manera importante, 16 de los 20 objetos arqueológicos descritos e ilustrados en este álbum han logrado sobrevivir hasta nuestros días y se encuentran mayoritariamente en el Museo Nacional de Antropología.

Los dibujos de la Descripcion de Monumentos antiguos Mexicanos se basan en bocetos a lápiz obra de Dupaix. Por ello, el capitán aclara en la portada del cuadernillo: “Los dibujé el año de 1794 en esta Capital”. Sin embargo, también es evidente que, por su calidad, tales dibujos son una reelaboración a tinta y aguada de un profesional. Así lo probaría un papelito suelto donde Dupaix señala: “Se dibujaron las Estatuas antiguas Mexicanas en tinta Chinesca, el año de 1794. (en mi presencia) Por Polanco buen dibujante y afectísimo á las Antiguedades”. El capitán se refiere aquí a José Antonio Polanco, artista egresado de la Academia y dueño de un taller de pintura con un obrador y varios aprendices en la calle del Parque.

Los dibujos fueron relacionados al cuadernillo por medio de glosas escritas por Dupaix. Las imágenes se hicieron a mano libre y con trazos sumarios. Temáticamente, destaca el interés por la obra de arte aislada, desprovista de todo contexto.



  • CP1
    Portada del cuadernillo de la  Descripcion de Monumentos antiguos Mexicanos DE Guillermo Dupaix. Cuadernillo a tinta sobre papel, 1794. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. 
    Fotografía: BNAH.
  • CP2
    Izquierda: Tlaltecuhtli bajo Quetzalcóatl. Mexica (Tenochtitlan). Andesita, Posclásico tardío, 1325-1521 d.C., MNA.
    Derecha: Monumento 8. Losa con cola de ave y cabezas de elefante. Guillermo Dupaix y José Antonio Polanco. Dibujo a tinta sobre papel, 1794. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.  

    Fotografías: Archivo Digital MNA y BNAH.
  • CP3
    Izquierda: Chacmool Tláloc. Mexica (Tenochtitlan). Basalto, Posclásico tardío, 1325-1521 d.C., MNA. 
    Derecha: Monumento 5: Hombre en actitud ridícula (detalle). Guillermo Dupaix y José Antonio Polanco. Dibujo a tinta sobre papel, 1794. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

    Fotografías: Archivo Digital MNA y BNAH. 
  • CP4
    Izquierda: Serpiente de cascabel musculosa. Mexica (Tenochtitlan). Basalto, Posclásico tardío, 1325-1521 d.C., Museo Xólotl de San Bartolo Tenayuca. 
    Derecha: Monumento 16: Culebra de cascabel (detalle). Guillermo Dupaix y José Antonio Polanco. Dibujo a tinta sobre papel, 1794. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. 

    Fotografías: Archivo Digital MNA y BNAH
  • CP5
    Izquierda: El “Indio triste”. Mexica (Tenochtitlan). Basalto, Posclásico tardío, 1325-1521 d.C., MNA. 
    Derecha: Monumento 1: Portaestandarte en forma de un anciano. Guillermo Dupaix y José Antonio Polanco. Dibujo a tinta sobre papel, 1794. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

    Fotografías: Archivo Digital MNA y BNAH. 
  • CP6
    Izquierda: Imagen de Tlaltecuhtli. Mexica (Tenochtitlan). Basalto, Posclásico tardío, 1325-1521 d.C., MNA. 
    Derecha: Imagen masculina de Tlaltecuhtli. Guillermo Dupaix. Dibujos a lápiz y tinta sobre papel, c. 1791-1804. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

    Fotografías: Archivo Digital MNA y BNAH. 

Al final del periodo colonial surge en México un renovado interés por las civilizaciones prehispánicas. En buena medida, la atracción que ejercieron en aquel entonces los vestigios arqueológicos de dichas civilizaciones es resultado de la difusión de las ideas de la Ilustración europea, las cuales alimentan el espíritu humanista e independentista entre los criollos novohispanos y promueven una profunda reevaluación del pasado con fines académicos y políticos.

En este contexto, el estudio del pasado indígena vive un verdadero florecimiento durante las tres últimas décadas del siglo XVIII y la primera del XIX. Entonces tienen lugar los primeros registros sistemáticos de sitios arqueológicos virtualmente olvidados como Xochicalco, Teotihuacan, El Tajín y Palenque, y cuando por primera ocasión son estudiados en profundidad los monolitos de Tenochtitlan. Además, esta es la era de la formación de las primeras colecciones públicas y privadas de arte prehispánico en la ciudad de México.

Los más connotados intelectuales y artistas de la Ilustración novohispana, así como un número creciente de aficionados y diletantes que vivían o residían temporalmente en la ciudad de México, estaban profundamente interesados en los antiguos monumentos, aunque en formas muy diferentes.

La ciudad de México experimentó una verdadera revolución urbana en la segunda mitad del siglo XVIII, particularmente con la llegada a México de Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla y Horcasitas, segundo conde de Revillagigedo, quien ocupó el cargo de virrey, gobernador, capitán general y superintendente de la Real Hacienda. Esto aconteció en el año de 1789, cuando la ciudad había alcanzado algo más de 200 mil habitantes y se erigía como la capital más populosa del hemisferio occidental. Al retornar a México a los 49 años de edad, el polémico virrey se propuso transformar a cualquier precio el rostro de esta urbe, valiéndose de los servicios del arquitecto y urbanista Ignacio de Castera, quien muy pronto comenzó las obras.

Fueron precisamente estas obras las que tuvieron como resultado imprevisto la exhumación de grandes monumentos arqueológicos mexicas. Pero, contrario a lo que siempre había sucedido, las antigüedades recién desenterradas ya no fueron destruidas, pues ahora se veía en ellas un rico contenido histórico y cierto valor artístico. Por esta razón, muchas se utilizaron como elementos decorativos en las esquinas, los dinteles y los zaguanes de las nuevas mansiones, mientras que otras nutrieron las cada vez más comunes colecciones públicas y privadas de la capital. La presencia de estas enigmáticas piedras en lugares visibles generó curiosidad, debates, publicaciones y el deseo de preservarlas para la posteridad. Un buen ejemplo de ello es el álbum de Dupaix de 1794.

Abierta hasta el 4 de octubre de 2015 de 9 a 19 hrs.

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