Museografía

Estructurar 30,000 m2 de salas de exposición es una labor titánica. El objetivo era satisfacer necesidades didácticas y científicas y al mismo tiempo hacer un espectáculo para el visitante. Se apeló a la razón y también a las sensaciones, se buscó funcionalidad al igual que emoción: que el visitante se instruyera objetivamente y a la par reconociera sus valores identitarios.

Cada una de las 22 salas contaba  con un equipo propio que incluía un cuerpo de guionistas, investigadores, museógrafos, pedagogos y técnicos. En cuanto a contenidos, se realizó una profunda revisión de ideas y conceptos preexistentes sobre el mundo indígena. También fue necesario conciliar los criterios de antropólogos, arqueólogos y etnólogos con el fin de ofrecer un discurso coherente y homogéneo. Tras ello, se generó un conjunto de estudios generales y monografías sobre las distintas áreas geo-culturales que serían sintetizados por los especialistas y que fungieron como punto de partida para la distribución e instalación de las salas. Era esencial no limitarse a una mera exhibición de objetos, sino complementarla con todo el material explicativo necesario.

  • M1
    Una jornada laboral del Consejo Ejecutivo. En la imagen se aprecia la dinámica de trabajo entre los diversos equipos encargados de la instalación del museo.
    Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.
  • M2
    El diseño museográfico tuvo un impacto nacional y mundial. A las salas se les dio alturas diferenciadas en los techos para resaltar ciertos aspectos culturales. La Sala Mexica fue concebida como la principal del Museo, de ahí que su techo alcance los seis metros de altura.
    Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.
  • M3
    La artista Rina Lazo realizó una magnífica réplica de los murales de Bonampak que el público puede apreciar en el jardín de la sala maya
    Fotografía: Archivo del Departamento de Restauración del Museo Nacional de Antropología.
  • M4
    Para la sala Teotihuacán se elaboró una réplica del Templo de Quetzalcóatl a la cual se añadió la pigmentación que, de acuerdo a los estudios arqueológicos, tuvo originalmente dicho edificio.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M5
    Diorama sobre la supervivencia del hombre prehistórico en América. En su elaboración se aprovechó al máximo la destreza manual e intelectual tanto de artistas como científicos, dando como resultado modelos de gran fidelidad y que facilitaban la intención didáctica del museo.
    Fotografía: Fondo Museo Nacional de Antropología, subfondo Museografía. Carmen Antúnez no. 2 y probable no. 3.
  • M6
    En las salas etnográficas, los museógrafos trabajaron directamente con indígenas de diversas regiones de México para la recreación de sus espacios domésticos, utensilios y elementos presentes en la vida cotidiana.
    Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.
  • M7
    Los propios indígenas construyeron réplicas exactas de su entorno cotidiano, sus chozas, mobiliario, indumentaria, lo cual brindó autenticidad y realismo a los montajes que buscaban expresar las formas de vida y de pensamiento de sus comunidades.
    Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

También se realizaron numerosas expediciones arqueológicas y etnográficas para acopiar objetos de exposición y datos de investigación de campo. Por ejemplo, las salas de etnografía se enriquecieron con material procedente de 70 expediciones que recopilaron miles de objetos de uso doméstico y ceremonial (rigurosamente documentados con fotografías y notas de campo).

Las salas originales en que se organizó todo el material fueron:

Orientación. Presentaba al público los aspectos generales del museo.

Antropología. Esbozaba una visión general sobre esta ciencia y sus ramas, la evolución del hombre y su cultura según las grandes épocas históricas.

Mesoamérica. Mostraba las culturas prehispánicas como un conjunto evolutivo y cambiante en el tiempo, los desarrollos culturales diversos (según las épocas y regiones) dentro de la totalidad del ámbito geográfico y los elementos culturales que se heredaban, modificaban o desaparecían.

11 Salas arqueológicas. Distribuidas a partir de la individualización de las culturas, con base en una secuencia cronológica y, en lo posible, por áreas geográfico-culturales.

8 Salas de etnografía. Se procuró que dentro de la arquitectura del edificio ocupasen una posición coherente en relación con las culturas arqueológicas. En ellas se representaron un total de 50 grupos indígenas, algunas por primera vez. La sala inicial, Introducción a la Etnografía, mostraba los elementos básicos de esa disciplina. La última, Antropología Social, señalaba la continuidad entre las culturas indígenas arqueológicas y las actuales, y exponía sus aportes culturales. Hoy el museo cuenta con 10 salas etnográficas.

El temario básico de todas las salas fue: medio natural, formas de subsistencia, estructura social y política, economía, religión, dioses y magia; conocimientos (matemáticas, herbolaria, escritura), y por último, el proceso histórico y etapas culturales de los pueblos. Además, para dar claridad a temas complejos resultó imprescindible el uso de dioramas, maquetas y modelos, que fueron creados por los más destacados maestros y estudiantes de la Escuela Nacional de Escultura, bajo la supervisión estricta de los consejeros científicos.

Con el propósito de dar objetividad y verosimilitud a los diversos contextos históricos, se creyó fundamental replicar los edificios prehispánicos (al interior o exterior de las salas) o bien las casas-habitación de las comunidades indígenas contemporáneas; se esperaba que facilitaran al visitante aprehender el conocimiento sobre la vida de esos pueblos. Por ejemplo, en la sala Teotihuacán se reprodujo una parte del Templo Quetzalcóatl, mientras que en la Maya se creó una réplica de los murales de Bonampak y una del Templo de Hochob (ésta con trabajadores, técnicas originales y piedras yucatecas). Para etnografía, habitantes de cada región reprodujeron con exactitud dentro del museo su entorno cotidiano y ayudaron directamente a los museógrafos.

Las voces en los muros

Otro elemento esencial dentro de la museografía fue la participación de destacados artistas mexicanos. El objetivo de su intervención fue ampliar el concepto curatorial de las salas por medio de obras plásticas con valor didáctico y estético. Los artistas reinterpretaron una parcela del pasado, desde su propio estilo y técnica, pero siempre guiados por los avances de los estudios científicos.

Durante los años posteriores a 1963 y en distintos momentos, se fueron integrando más murales al recinto, ya fuese por encargo o por donación. Como resultado de lo anterior, ahora el museo cuenta con una vasta colección de trabajos artísticos, entre los que destacan

  • M1
    Rufino Tamayo Dualidad, 1964 (detalle)
    El tema de este mural es la lucha de contrarios. Quetzalcóatl, la serpiente y el sol representan al bien, al día, la luz y la sabiduría. Tezcatlipoca como jaguar y la luna encarnan la oscuridad, la noche, el inframundo y el mal. En esta feroz batalla la deidad solar abre sus fauces para devorar al felino de la muerte. No obstante, hoy sabemos que una concepción maniqueísta no es aplicable a los pueblos prehispánicos; el bien y el mal, tal como se concibe en el mundo occidental, no existió en la cosmovisión mesoamericana. Se trata de una interpretación del pintor respecto a lo que ahora entendemos como “opuestos complementarios”.
    Fotografía: Archivo Digital MNA
  • M2
    Rufino Tamayo elaboró para el museo el emblemático mural Dualidad.
    Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez vázquez.
  • M3
    Iker Larrauri Fauna extinta del Pleistoceno, 1964
    El artista representa a los antiguos habitantes de nuestro mundo, hoy extintos.Se superpone en la composición los voluptuosos cuerpos de los animales pleistocénicos: el megatherium o perezoso gigante, del mastodonte, el mamut, el rincoterio, el tigre dientes de sable, un oso, un caballo y un lobo pleistocénicos, el camélido, un bison antiquus y un eremotherium u oso hormiguero.Cabedestacar el movimiento, la verosimilitud y realismo de la representación.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M4
    Luis Covarrubias Mesoamérica, 1964
    Covarrubias, con gran detalle, representa a la República Mexicana y los países centroamericanos, cuna de las civilizaciones mesoamericanas. Su capacidad de síntesis logra destacar el medio geográfico y los elementos distintivos de las culturas prehispánicas, como su cerámica, sus templos y manifestaciones escultóricas.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M5
    Leonora Carrington El mundo mágico de los mayas. 1964
    La obra comprende la vida cotidiana de los indios chamulas así como sus creencias religiosas; enfatizando los tres niveles del cosmos: el espacio celeste, el terrenal y el Xibalbá o inframundo. Carrington trazó con su particular espíritu, lenguaje e iconografía surrealista, los principales elementos mitológicos indígenas vertidos en obras como el Popol Vuh.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M6
    Nicolás Moreno Paisaje de Juchitepec, 1964
    Este autor muestra con gran realismo la grandeza del paisaje mexicano. Sus dimensiones y el exquisito manejo de los matices de luz, permiten al espectador introducirse en la inmensidad de las tierras de cultivo y el ambiente cotidiano en los campos centrales de México.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M7
    Alfredo Zalce La construcción de Tula, 1964
    La majestuosidad del mural no se debe únicamente su composición pictórica, los colores contrastantes y los personajes en movimiento, sino al tema que representa: la construcción de una de las capitales más importantes del México antiguo. La acción nos permite comprender, entre otras cosas, las técnicas constructivas antiguas, las jerarquías sociales y el enorme despliegue de poder detrás de la construcción de las urbes y monumentos prehispánicos.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M8
    Pablo O´Higgins Boda purépecha, 1964
    La escena enmarca una boda tradicional purépecha, del pueblo de San Lorenzo. Curiosamente, los personajes no denotan la indumentaria típica purépecha pero sí elementos simbólicos vinculados a esta ceremonia, de la cual se puede sugerir una posible herencia de tiempos prehispánicos, tal como el fuego ondulante.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M9
    Pablo O´Higgins
    Autor de obras que reflejan la mitología de los pueblos purépechas.
    Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez
  • M10
    Carlos Mérida El mundo mágico de los huicholes, 1964
    Con su lenguaje pictórico tan personal y de carácter abstracto, Mérida dio vida a este alucinante vitral que nos permite establecer una semejanza con los colores utilizados por los pueblos indígenas en la producción de sus objetos utilitarios y artesanales. Cabe destacar lo vibrante y alegre de la composición y la actualidad de los materiales.
    Fotografía: Archivo Digital MNA.
  • M11
    Los talleres artísticos se instalaron durante la construcción del edificio, contribuyendo a la formación de un ambiente de trabajo colectivo en el que maestros y ayudantes legaron al pueblo mexicano algunas de las expresiones artísticas más notables de su tiempo.
    Fotografía: Archivo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

También resultó muy importante la inclusión de fragmentos o versos derivados de las fuentes etnohistóricas, con los que se podía sintetizar algún aspecto representativo de la cosmovisión indígena. Las antiguas palabras, originalmente en náhuatl, maya-yucateco, quiché u otras lenguas, fueron vertidas al castellano y llegaron al presente cargadas de significaciones y mensajes. Aparecen en la entrada de cada sala como indicios de un diálogo entre el pasado y el presente; esas palabras introducen al público en la sensibilidad literaria y el pensamiento indígena, su sentir, su ética, su poesía, sus mitos, su oralidad… su legado intangible.




Fragmento de los “Cantos de Huexotzingo” grabado en mármol como parte de la Museografía del museo. Fotografía: Archivo Digital MNA.