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Rostros de la muerte |
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LA MUERTE Y LOS MUERTOS EN EL MÉXICO PREHISPÁNICO
En todas las culturas el hombre ha tenido la preocupación de no resignarse a morir, ha buscado trascender creando lugares a los cuales llegar después de expirar. En la mitología del Centro de México, la manera de fallecer define el lugar al cual habría de arribar el difunto. Al Mictlan irían los de muerte común; al Tlalocan, paraíso de Tláloc, todos aquellos que sucumbían por alguna causa relacionada con el agua o fulminados por un rayo, mientras que los guerreros que perdían la vida en la guerra o en sacrificio, así como las mujeres muertas de parto, irían al paraíso del sol.
El Xibalbá para los mayas era el "lugar de los desvanecidos", mientras que el paraíso de la ceiba era el sitio al que acudían los muertos por alguna causa del agua. Cumiechúcuaro era el inframundo tarasco y Pátzcuaro el lugar al cual llegaban los que perecían por ahogamiento. Desconocemos el nombre preciso dado a la región de los muertos por otros grupos, sabemos que se referían a ella como Inframundo, zona de oscuridad y muerte, sitio al que descienden los espíritus cuando el cuerpo perece. A la muerte, como acto natural, no se le temía porque era un medio para trascender el mundo terrenal y formaba parte de los grandes contrarios, la vida y la muerte son energías divinas en interacción, de aquí deriva la sacralidad de la muerte, así como las deidades que la presiden. Se creía firmemente en la existencia después de la muerte del cuerpo.
En el México precortesiano la evidencia de este tipo de creencia se manifiesta a lo largo de su historia a través de entierros, ofrendas a los muertos, imágenes de las deidades de la muerte en esculturas, cerámica y códices, y en mitos y supersticiones, así como en datos reunidos a partir de la conquista española por medio de los escritos de los diferentes cronistas regionales.
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Última actualización el Miércoles, 07 de Diciembre de 2011 22:58 |
Comentarios
y muy entre te nido