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MITO DEL DILUVIO
El explorador noruego Carl S. Lumholtz documentó la siguiente versión del mito del diluvio: "Un huichol que se había puesto a cortar árboles para formar un campo donde sembraba, encontraba cada mañana los que había derribado la víspera, crecidos de nuevo. Siguió cortándolos hasta que se cansó de tanto trabajar y, a los cinco días, volvió a fin de hacer otra experiencia y resuelto a descubrir la causa de aquello. Pronto salió de la tierra, en el centro del claro, una viejecita con un bordón en la mano. Era la anciana Nacahue, la diosa de la tierra que hace brotar la vegetación. Pero el indio no la conoció, y ella, levantando su vara, apuntó al Norte, al Sur, al Poniente y al Oriente, arriba y abajo; y todos los árboles que el joven huichol había cortado, aparecieron de nuevo. Entonces comprendió cómo había estado sucediendo todo. Enojado, prorrumpió: ¿Eras tú la que has estado deshaciendo lo que yo hago? "Sí, contestó ella, porque tengo que hablarte”. Y la diosa le dijo que estaba trabajado en vano, añadiendo: Va a caer un gran diluvio antes de cinco días, vendrá un viento muy fuerte que olerá á chile y te causará tos. Haz con el tronco de un salate una caja de tu tamaño, ponle una buena tapa para encerrarte dentro y guarda contigo cinco granos de maíz de cada color y cinco semillas de frijol, también de cada color; toma asimismo lumbre y cinco sarmientos de calabaza para alimentar el fuego, y llévate una perra prieta". El indio hizo lo que le mandaron. A los cinco días tenía lista la caja y puestas en ella todas las cosas que le habían dicho. Se encerró con la perra negra, y la viejecita puso la tapa, cubriendo todas las aberturas con cola. Entonces se sentó encima con una guacamaya en el hombro. La caja anduvo sobre el agua durante un año con dirección al Sur, otro hacia el Norte, un tercer hacia el Poniente y el cuarto al Oriente. El quinto año fue levantada muy alto pues todo el mundo se había llenado de agua, y hasta el sexto comenzó á descender y se detuvo sobre una montaña, cerca de Santa Catarina, donde puede verse todavía. El indio levantó la tapa y vio que aun estaba la tierra llena de agua. Pero las guacamayas y los lobos abrieron barrancas y separaron he hicieron cinco mares. Entonces se comenzó á secar la tierra y nacieron los árboles y la yerba. La viejecita se volvió aire, y el indio fue a limpiar su campo. Vivía con la perra en una gruta, donde la dejaba de día cuando se iba a laborar. Como todas las tardes que volvía encontraba tortillas, tenía curiosidad de saber quién las hacía. A los cinco días se escondió detrás de unas matas, cerca de la cueva, para espiar, y vio que la perra se quitaba la piel y la colgaba, quedando convertida en una mujer que se arrodilló a moler. Entonces se acercó poco a poco por detrás, cogió el cuero y lo echó a la lumbre, "Me haz quemado mi ropa", grito ella poniéndose a aullar como perro. El indio le lavó la cabeza con el agua del nixtamal que ella misma había preparado; la refrescó así y desde entonces ha seguido siendo mujer. Tuvieron muchos hijos e hijas que se casaron y poblaron el mundo yéndose a vivir en las cuevas." (Lumholtz, México desconocido 1981 [1902], 2: 191)
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| Última actualización el Miércoles, 04 de Enero de 2012 19:45 | |||





