HISTORIA DEL MUSEO

Museografía

Estructurar 30,000 m2 de salas de exposición es una labor titánica. El objetivo era satisfacer necesidades didácticas y científicas y al mismo tiempo hacer un espectáculo para el visitante. Se apeló a la razón y también a las sensaciones, se buscó funcionalidad al igual que emoción: que el visitante se instruyera objetivamente y a la par reconociera sus valores identitarios.
Cada una de las 22 salas contaba  con un equipo propio que incluía un cuerpo de guionistas, investigadores, museógrafos, pedagogos y técnicos. En cuanto a contenidos, se realizó una profunda revisión de ideas y conceptos preexistentes sobre el mundo indígena. También fue necesario conciliar los criterios de antropólogos, arqueólogos y etnólogos con el fin de ofrecer un discurso coherente y homogéneo. Tras ello, se generó un conjunto de estudios generales y monografías sobre las distintas áreas geo-culturales que serían sintetizados por los especialistas y que fungieron como punto de partida para la distribución e instalación de las salas. Era esencial no limitarse a una mera exhibición de objetos, sino complementarla con todo el material explicativo necesario.
También se realizaron numerosas expediciones arqueológicas y etnográficas para acopiar objetos de exposición y datos de investigación de campo. Por ejemplo, las salas de etnografía se enriquecieron con material procedente de 70 expediciones que recopilaron miles de objetos de uso doméstico y ceremonial (rigurosamente documentados con fotografías y notas de campo).
Las salas originales en que se organizó todo el material fueron:
Orientación. Presentaba al público los aspectos generales del museo.
Antropología. Esbozaba una visión general sobre esta ciencia y sus ramas, la evolución del hombre y su cultura según las grandes épocas históricas.
Mesoamérica. Mostraba las culturas prehispánicas como un conjunto evolutivo y cambiante en el tiempo, los desarrollos culturales diversos (según las épocas y regiones) dentro de la totalidad del ámbito geográfico y los elementos culturales que se heredaban, modificaban o desaparecían.
11 Salas arqueológicas. Distribuidas a partir de la individualización de las culturas, con base en una secuencia cronológica y, en lo posible, por áreas geográfico-culturales.
8 Salas de etnografía. Se procuró que dentro de la arquitectura del edificio ocupasen una posición coherente en relación con las culturas arqueológicas. En ellas se representaron un total de 50 grupos indígenas, algunas por primera vez. La sala inicial, Introducción a la Etnografía, mostraba los elementos básicos de esa disciplina. La última, Antropología Social, señalaba la continuidad entre las culturas indígenas arqueológicas y las actuales, y exponía sus aportes culturales. Hoy el museo cuenta con 10 salas etnográficas.
El temario básico de todas las salas fue: medio natural, formas de subsistencia, estructura social y política, economía, religión, dioses y magia; conocimientos (matemáticas, herbolaria, escritura), y por último, el proceso histórico y etapas culturales de los pueblos. Además, para dar claridad a temas complejos resultó imprescindible el uso de dioramas, maquetas y modelos, que fueron creados por los más destacados maestros y estudiantes de la Escuela Nacional de Escultura, bajo la supervisión estricta de los consejeros científicos.
Con el propósito de dar objetividad y verosimilitud a los diversos contextos históricos, se creyó fundamental replicar los edificios prehispánicos (al interior o exterior de las salas) o bien las casas-habitación de las comunidades indígenas contemporáneas; se esperaba que facilitaran al visitante aprehender el conocimiento sobre la vida de esos pueblos. Por ejemplo, en la sala Teotihuacán se reprodujo una parte del Templo Quetzalcóatl, mientras que en la Maya se creó una réplica de los murales de Bonampak y una del Templo de Hochob (ésta con trabajadores, técnicas originales y piedras yucatecas). Para etnografía, habitantes de cada región reprodujeron con exactitud dentro del museo su entorno cotidiano y ayudaron directamente a los museógrafos.
Las voces en los muros
Otro elemento esencial dentro de la museografía fue la participación de destacados artistas mexicanos. El objetivo de su intervención fue ampliar el concepto curatorial de las salas por medio de obras plásticas con valor didáctico y estético. Los artistas reinterpretaron una parcela del pasado, desde su propio estilo y técnica, pero siempre guiados por los avances de los estudios científicos.
Durante los años posteriores a 1963 y en distintos momentos, se fueron integrando más murales al recinto, ya fuese por encargo o por donación. Como resultado de lo anterior, ahora el museo cuenta con una vasta colección de trabajos artísticos, entre los que destacan:
También resultó muy importante la inclusión de fragmentos o versos derivados de las fuentes etnohistóricas, con los que se podía sintetizar algún aspecto representativo de la cosmovisión indígena. Las antiguas palabras, originalmente en náhuatl, maya-yucateco, quiché u otras lenguas, fueron vertidas al castellano y llegaron al presente cargadas de significaciones y mensajes. Aparecen en la entrada de cada sala como indicios de un diálogo entre el pasado y el presente; esas palabras introducen al público en la sensibilidad literaria y el pensamiento indígena, su sentir, su ética, su poesía, sus mitos, su oralidad… su legado intangible.